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martes, 26 de noviembre de 2013

Declaración de Gideon (Zafiro, páginas 336-342)

Hola :)
Lo más importante es que he vuelto... Después de muchísimo. Y lo siento.
Pero traigo una nueva versión de Gideon. Y espero que os guste <3



-¡Vamos!- exclamé divertido.
Era gracioso enfurruñar a Gwendolyn recordándole su borrachera, aunque yo lo había pasado bastante mal, todo hay que decirlo.
- Me imagino que tendré derecho a tomarte un poco el pelo con eso. Estabas tan mona ayer por la noche… Mister George creyó que de verdad te habías dormido de puro agotamiento en la limusina.
-Fueron dos minutos… como mucho…- dijo avergonzada.
Para ser exactos quince, pero me dio igual, estaba encantadora mientras dormía.
-Supongo que te irías a la cama enseguida.- dije.
-Hum…- me contestó.
No tenía ningunas ganas de responderme y sabía que se estaba disgustando, pero todo era mejor que hablar de que Charlotte me fregaba los cacharros… Eso sí que era un tema bochornoso… Y peligroso, teniendo en cuenta que… bueno, que Gwendolyn podía pensarse algo que no era respecto a mi relación con Charlotte. Todo el día estaba igual, echándome en cara que si hacía esto o lo otro con Charlotte, haciéndose daño, pensando que me gustaba Charlotte, y no era así… A mí me gustaba Gwendolyn. Y quería decírselo, explicarle el porqué de tantos besos repentinos… No estaba jugando, iba muy enserio… Me paré de repente, armándome de valor, dispuesto a decirle lo que sentía por ella. Gwen chocó contra mí, porque yo había frenado muy repentinamente, e instintivamente contuve la respiración. Tenía miedo.
-Escucha…- murmuré, sintiendo mi inseguridad mientras me volvía hacia ella.- No quise decírtelo ayer porque pensé que estabas borracha, pero ahora que vuelves a estar sobria y arisca como siempre…
¡No, no y no, Gideon! Era un comienzo horrible. No puedes declararte a una chica llamándola arisca, pero ni mucho menos… Tragué saliva y le acaricié delicadamente la frente… Entonces, en lugar de seguir hablando y metiendo la pata, la besé, porque al parecer, en lo que respectaba al amor, era lo único que se me daba bien. Cerré los ojos y moví mis labios con suavidad. Me sentía en una nube… Aquello era mil veces mejor que… Mil veces mejor que cualquier otra cosa que existiera sobre la Tierra. Yo, el, supuestamente, perfecto Gideon de Villiers estaba más enamorado que un tonto…
Cuando me separé de ella, ya no quería declararme… Solo hablar seriamente. Apoyé un brazo contra la pared, junto a la cabeza de Gwendolyn y dije muy serio:
-Esto no puede seguir así.
Gwendolyn respiraba entrecortadamente y daba la sensación de que sus piernas a duras penas la sujetaban.
-Gwen…- empecé de nuevo.
Pero entonces, el sonido de unos pasos resonó en el pasillo y yo me separé de Gwendolyn instantáneamente, no quería que nadie nos viera… Una fracción de segundo después, mister George apareció ante nosotros.
-Ah, aquí estáis. Os estábamos esperando. ¿Por qué no lleva los ojos vendados, Gwendolyn?
-Lo he olvidado completamente. Por favor, hágalo usted mismo – dije tendiéndole el pañuelo. Quería salir de allí, me estaba agobiando-. Yo… hum… me adelantaré.
Caminé alejándome de ellos. Necesitaba pensar, aunque fuera por unos segundos. Quería decirle que la quería y lo iba a hacer. El amor entre los de Villiers y los Montrose nunca había estado bien visto, pero a mí eso me importaba un rábano. Sí no querían que me enamorara de Gwendolyn podrían haber hecho que no fuera tan ingenuamente adorable o yo que sé… Pero que ahora no me dijeran nada, porque mi opinión respecto a lo que sentía por Gwen no la iba a cambiar, por nada.
Llegué a sala del cronógrafo, donde nos esperaba mi tío. Lo saludé y poco después aparecieron mister George y Gwendolyn. Mi tío empezó a poner en movimiento los engranajes del cronógrafo y con aire distraído le dedicó a Gwendolyn un cumplido sobre el vestido. En mi opinión, estaba más que guapa. Estaba perfecta.
-Bien, Gwendolyn, hoy tiene lugar tu conversación con el conde de Saint Germain- le dijo.- Es por la tarde, un día antes de la soirée.
-Lo sé- dijo, mirándome de reojo. Me gustaría haber sabido que pensaba en esos instantes.
-No es una misión especialmente difícil- dijo mi tío Falk-. Gideon te llevará arriba, a sus aposentos, y luego volverá para recogerte.
La miré, tragaba saliva y estaba angustiada. No entendía por qué razón tenía tanto miedo del conde.
-No tengas miedo- la tranquilicé-. Ayer os entendisteis muy bien, ¿no? ¿Ya no te acuerdas?- Coloqué mi dedo en el cronógrafo y le sonreí-. ¿Preparada?
-Preparada si tú lo estás.- contestó al mismo tiempo que la aguja del cronógrafo atravesaba mi dedo y el diamante resplandecía ante mí.
Cuando aterricé todo estaba bastante oscuro. Entonces, un torbellino rojo hizo aparecer a Gwendolyn. Sonreí en la oscuridad y dije:
-Todo en orden.
-¿Por qué está todo tan oscuro aquí?- protestó.- El conde no está esperando, ¿no? Podría haber tenido el detalle de encender una vela.
-Es que no sabe exactamente dónde aterrizamos.- contesté.
-¿Por qué no?
Me encogí de hombros y dije:
-Aún no ha preguntado nunca por eso, y tengo la vaga impresión de que no le gustaría demasiado saber que usamos su querido laboratorio de alquimia como pista de despegue y de aterrizaje. Ve con cuidad, está todo lleno de cosas frágiles…
Avanzamos a tientas hasta la puerta. Fuera, en el pasillo, encendí una antorcha y la arranqué de su soporte. La luz proyectó unas trémulas sombras en la pared. Gwendolyn se acercó un poco más hacía mí.
-¿Cómo demonios era esa maldita contraseña? Solo para el caso de que alguien te dé con un palo en la cabeza…
Puse los ojos en blanco y sonreí. Lo cierto es que no se me ocurría qué diablos podía pintar Gwendolyn en aquel ataque planeado, no la veía capaz de hacer tan… ¿Malvado?
-“Qui nescit dissimulare nescit regnare.”- le contesté.
-¿Nunca te cansas de saberlo todo?
Reí y dejé la antorcha en su soporte. Ya está, ahora no pensaba echarme atrás. Se lo iba a decir y punto.
-¿Qué estás haciendo?- me preguntó curiosa.
-Es solo un momento…- dije indeciso.- Es que antes… Mister George nos ha interrumpido cuando quería decirte algo importante.
Y tanto que importante.
-¿Es por lo que te expliqué ayer en la iglesia? Bueno, puedo entender que me tomes por loca después de eso, pero tampoco va a ayudarme un psiquiatra.
Arrugué la frente. ¿Podría algún día mantenerse en silencio? Parecía que le dieran cuerda.
-¿No podrías mantener la boca cerrada unos segundos, por favor? Tengo que armarme de valor para hacerte una declaración de amor. No tengo ninguna práctica en estas cosas.
Ya está, ahora que pensara lo que quisiera.
-¿Cómo dices?
Respiré hondo.
-Me he enamorado de ti, Gwendolyn- dije con seriedad.
Su cara adquirió una expresión alegre.
-¿De verdad?
-Sí, ¡de verdad!- reí, al verla tan feliz.- Ya sé que no hace ni una semana que nos conocemos, y que al principio te encontré bastante… infantil, y supongo que también me comporté como una imbécil contigo. Pero es que eres terriblemente complicada, uno nunca sabe que será lo próximo que harás, y en algunas cosas eres espantosamente… ejem… torpe. A veces, sencillamente me vienen ganas de sacudirte.
-Vale, la verdad es que se nota que no tienes ninguna práctica en declararte.- dijo.
Pero yo la ignoré y seguí, ahora que al fin me había soltado iba a llegar hasta el final:
-Pero luego vuelves a ser tan divertida e inteligente y tan indescriptiblemente dulce. Y lo peor es que basta que estés conmigo en la misma habitación para que enseguida tenga la necesidad de tocarte y de besarte…
-Sí, eso es realmente terrible.- susurró.
Y entonces, todas mis ganas de besarla se desataron.
Le saqué la aguja del sombrero, que le quedaba… espantoso, lo lancé lejos y la atraje hacia mí para besarla.
Unos tres minutos después, se apoyó contra el muro, sin aliento, casi jadeando.
-Eh, Gwendolyn, no tienes más que respirar normalmente, aspira y espira.- dije divertido.
Me dio un empujoncito en el pecho,
-¡Para ya! Es insoportable lo creído que eres…
-Lo siento. Solo es que… es una sensación tan fantástica saber que por mí te olvidas de respirar…- Volví a coger la antorcha del soporte. Estaba eufórico. Era perfecto. Mi yo dulce había salido a la luz, una nueva faceta de Gideon, que ni yo mismo conocía, y que solo iba a ser para Gwendolyn. – Vamos, ven conmigo. Seguro que el conde ya está esperando.
-Es curioso, pero ahora mismo estoy pensando que volveré a disfrutar de verdad de estas aburridas veladas para elapsar al año 1953.- dije.- Sol tú, la prima Sofá y yo…
Nuestros pasos resonaban en los largos corredores. Me sentía mejor tras haberle confesado a Gwen que me gustaba, aunque seguía un poco inseguro, porque ella aún no me había dicho nada sobre sus sentimientos.
-Si yo cogiera la antorcha, tú podrías desenvainar la espada- propuso-. Solo por precaución. De hecho, ¿en qué año exactamente recibiste el golpe en la cabeza?
¿Y eso qué diablos tenía que ver ahora?
-Acabo de darme cuenta de que yo te he hecho una declaración de amor, pero tú a mí no.- dije dudoso.
-¿No lo he hecho?
-En todo caso, no con palabras. Y no estoy muy seguro de que eso cuente. ¡Chissst!
Esto último lo dije porque acababa de ver una rata y sabía que Gwendolyn gritaría. Pero me ignoró y profirió un chillido. La rata nos miró fijamente con sus inquietantes ojos rojos y Gwendolyn preguntó, aferrándose a mi mano:
-¿Estamos vacunados contra la peste?



7 comentarios:

  1. PERFECTA, me ha encantado y eso qeu hace ya un tiempito que me los lei, muchas gracias:)

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    1. Oh, vamos de nada :) Muchas gracias a ti ^^

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  2. Pero esto es nuevo? Si yo lo leí hace ya meses :0

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    1. Creo que no lo subí... En cualquier caso, la parte del final la he escriuto hace poco. Así que sería un añadido :)

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  3. Me encanta la saga y me encanta el blog. SPOILER si no te has leido esmeralda....
    Te quisiera pedir que si podias hacer una version de gideon cuando gideon y gwen van a ver por primera vez a lucy y paul y cuando ya saben que son sus padres por favor...
    bsos

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    1. Gracias cielo :))) ¡Hecho! A ver si tengo tiempo para estas vacaciones-

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    2. Muchas gracias a ti. Espero poder leerlo pronto

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